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posts/por-que-no-soy-una-persona-de-habitos.md · 2026-03-19 · 6 min

Por qué no soy una persona de hábitos

Sobre por qué hay valles que no podemos habitar, y corrientes que nos llevan donde sí queríamos ir.

[meta][ciencia][política]

Confieso de entrada: no soy una persona de hábitos. Me cuesta enormemente saltar de un valle de equilibrio al siguiente. Cuando lo consigo, algo fundamental ha cambiado en el camino. He dejado de ser la misma persona.

Llevo años desconfiando de la literatura de hábitos por eso. Muchas de sus técnicas son válidas en su contexto, pero el modelo de fondo me parece equivocado. Tratan el hábito como una pieza que se instala en cualquier máquina, cuando en realidad cada máquina tiene una topografía que decide qué piezas encajan y cuáles no.

Voy a intentar explicarlo en lenguaje físico, porque es el lenguaje en el que mejor pienso esto.

El paisaje de equilibrios

Imagina tu vida actual como una pelota en un valle. La pelota es tu estado: lo que haces durante el día, en qué pones energía, con quién pasas el tiempo, qué consume tu atención. El valle es estable porque cualquier perturbación pequeña vuelve al fondo. Si un día comes peor, mañana volverás más o menos a lo mismo. Si tienes una semana caótica, en dos semanas estarás otra vez en tu ritmo de base.

Alrededor de ese valle hay crestas. Más allá de las crestas, otros valles: otros estados estables de la misma persona en otra configuración. Para llegar a uno de esos otros valles tienes que superar la cresta. Y aquí es donde casi todo el mundo se equivoca: los libros dan instrucciones para empujar la pelota colina arriba. Las instrucciones funcionan mientras empujas. Cuando paras, la pelota vuelve al valle. Como una especie de gravedad termodinámica.

El error de fondo es asumir que el paisaje es plano y los valles están donde tú quieres que estén. No lo están. Están donde la topografía del sistema yo + entorno los pone. Algunos valles que quieres alcanzar simplemente no existen en tu configuración actual. Para que existan, hay que cambiar la topografía. Y eso requiere algo bastante más serio que voluntad.

Cataclismo o corriente

Hay dos formas conocidas de cambiar la topografía.

Una es el cataclismo. Un evento lo suficientemente grande como para reconfigurar el sistema entero: dejar un trabajo, terminar una relación, mudarse de país, pasar por una enfermedad, perder a alguien. Algo que rehace el paisaje porque cambia los componentes del entorno de un solo golpe. Después del cataclismo aparecen valles que antes no existían y desaparecen valles que parecían inamovibles. La pelota rueda sola hacia un sitio nuevo.

La otra forma es más sutil. Es esperar a que la corriente cambie y dejarse llevar hasta el valle nuevo. En lugar de empujar la pelota cuesta arriba, vas modificando lentamente la topografía hasta que la pelota rueda sola hacia donde quieres que esté. No remas contra corriente; remas con ella, hasta que la corriente te deja en otro río.

A veces ni siquiera hay que remar. Solo dejarse llevar hasta que la corriente correcta te encuentre.

La motivación como GPS

Una inversión útil que he hecho con los años es pensar la motivación menos como gasolina y más como GPS. Te dice dónde, no te empuja.

Cuando la motivación es persistente y vuelve aunque la ignores, está señalando un valle estable que sí existe en tu paisaje y al que aún no has llegado. Cuando se disuelve en cuanto te distraes, probablemente estaba señalando una cresta — un sitio donde podrías estar de paso, pero no quedarte.

La consecuencia operativa es incómoda: si tu motivación es genuina, vas a acabar yendo hacia ese valle, con técnicas o sin ellas. Y si no es genuina, ninguna técnica te va a sostener allí.

Resonancia

Hay un fenómeno físico que captura bien lo que pasa cuando encuentras el valle correcto: la resonancia. Cuando un sistema entra en sintonía con una frecuencia que ya estaba latente en él, la amplitud crece sola. No hace falta inyectar más energía. Basta con haber encontrado la frecuencia.

Trabajo en Metha desde 2018. La intensidad con la que trabajo en ello ha subido y bajado durante todos estos años. Ha habido temporadas donde mi productividad ha sido demasiada y el sistema se descompensaba. Ha habido temporadas donde apenas movía nada. Y ha habido temporadas donde la productividad ha sido explosiva sin tener que forzar nada, donde resolvía en una semana cosas que en otra época me habrían costado meses.

Cuando miro hacia atrás, mi voluntad no parece haber tenido mucho que ver con la diferencia entre esas temporadas. Lo que coincide con las explosivas es haber estado en sintonía con algo: el entorno, mi propio estado, una pieza del puzzle que encajó. Resonancia.

Lo único que se ha mantenido constante es que no he podido dejar el proyecto. Lo veo como un trabajo de toda la vida. Aunque Metha falle, no podría dejar de buscar maneras de mejorar fundamentalmente la velocidad del descubrimiento científico, sobre todo en salud, que es lo más importante para todo el mundo — egoístamente para mí, pero también para los que quiero y para los que no. Llamarlo disciplina sería pretencioso. Es más simple: es un valle en el que la pelota cayó hace tiempo y desde ahí no me ha costado estar.

Cuando la gente mira a los que han transformado el mundo en algo concreto y se pregunta de dónde sacaron tanta fuerza, está midiendo en la unidad equivocada. Habían entrado en resonancia con un valle que existía en su sistema y desde ahí la energía sale sola. La voluntad es solo lo que se ve desde fuera.

La topografía no es neutra

Hay una última pieza, más incómoda. La topografía del sistema yo + entorno no se forma sola. Está cada vez más diseñada.

El mundo al que nos dirigimos, que se puede discernir y es muy a lo Huxley, intenta colapsar el paisaje a un único valle. El objetivo del diseño parece ser cambiar la topografía para que no podamos salirnos del tiesto y encontrar nuestra corriente, porque de esa corriente es de donde emergen los proyectos que pueden hacer challenge al poder establecido.

No creo que vayan a conseguir contener el flujo. Solo van a hacerlo más narrow. Y la presión de la gente que sí encuentre la vía será cada vez más incontenible. Pero al mismo tiempo será cada vez más difícil ser una de esas personas. La presa va a generar una estabilidad enorme en la que estar a la deriva, y reconocer la salida desde dentro de esa estabilidad va a ser cada vez más raro.

Aquí concedo algo a los libros de hábitos. En un mundo cuya topografía está siendo diseñada para mantenerte en un solo valle, hay que hacer algo activo: vibrar, tocar los bordes, perturbar. No para remar contra corriente — sigue siendo agotador y casi siempre inútil — pero sí para testear las aguas constantemente. Entender la jaula. Conocer la forma del valle en el que estás antes de poder reconocer la cresta que lleva a otro sitio.

Cierre

Esto es lo único que me ha funcionado mirado en retrospectiva: aceptar que no soy una persona de hábitos en el sentido habitual, y dedicar la energía a perturbar el paisaje hasta que aparezcan los valles que mi sistema sí puede sostener.

Entender la jaula. Encontrar la corriente. Y entonces, remar sale solo.